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Emocional e inteligente

Las personas con más inteligencia emocional tienen en común estos rasgos diarios

¿Sabías qué hay más de una forma de ser inteligente? La psicología ha descubierto las inteligencias múltiples, y una de las más relevantes parece ser la inteligencia emocional. Te contamos cómo identificarla y desarrollarla.

El tiempo en el que asociábamos el perfil de la inteligencia a una persona fría, analítica y lógica se ha acabado. Los avances realizados en el campo de la educación, la psicología e incluso la neurología, han descubierto que el ser humano tiene más de un tipo de inteligencia.

La más conocida, a la que nos referimos por defecto con este término, es a la inteligencia racional o lógica-matemática. Pero hay otras inteligencias, como la emocional, que parecen estar mucho más relacionadas con el éxito en la vida, la felicidad y la plenitud.

Y resulta que todas las personas que destacan en esta inteligencia compartes algunos rasgos. Te dejo a continuación algunos de ellos para que les eches un vistazo y descubras si te encuentras entre ese grupo de personas emocionalmente inteligentes.  

Todo sobre la inteligencia emocional

Pero antes de entrar en detalles, debemos tener claro a qué nos referimos cuando hablamos de inteligencia emocional. Bertrand Regader, psicólogo especializado en psicología educativa, describe la inteligencia emocional como un constructo con el que podemos comprender la forma en la que podemos influir de manera adaptativa e inteligente tanto sobre nuestras emociones como en la forma en la que interpretamos las de los demás.

Es decir, la inteligencia emocional consiste en la capacidad de reconocer y entender las emociones, gestionar las propias e influir en la de los demás. El término se popularizó en la década de los 90, por Daniel Goleman, y desde entonces ha sido objeto de diversos estudios.

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5 rasgos que comparten las personas con mayor inteligencia emocional

Tener desarrollada esta inteligencia nos ayuda a ser autoconscientes y a autorregularnos, a mantenernos motivados, a comprender a los demás por medio de la empatía y a desarrollar mejores habilidades sociales. Todo esto hace que las personas con mucha inteligencia emocional tengan estos rasgos en común:

Expresan sus emociones con claridad

Lo primero que descubrimos al prestar atención a las personas que tienen una alta inteligencia emocional es que consiguen expresar sus emociones de forma clara. Esto se debe, por supuesto, a que son capaces de identificarlas y comprenderlas con éxito.

Este tipo de persona sabe gestionar sus emociones, en lugar de reprimirlas. Aun así, son consciente de que cuando se está en presencia de otros, es importante medir la forma en la que expresamos lo que sentimos, encontrando ese equilibrio perfecto entre intimidad y sinceridad.

Atienden sus propias necesidades

Tener una buena inteligencia emocional significa estar en contacto con las emociones propias y la de los demás. Pero estas primeras, sin duda, ocupan un papel protagonista si pretendemos ser también una influencia positiva para los demás. Por eso, las personas altamente inteligentes a nivel emocional saben que lo primero es atender las necesidades propias.

Si no estás descansada, si no has podido comer bien o no has gestionado tus propias emociones, no podrás ser amable, comprensiva y atenta con los demás. Y lo más importante, no disfrutarás con plenitud de tu momento presente.

Es por todo esto que las personas más inteligentes a nivel emocional no solo son capaces de identificar rápidamente sus necesidades (tanto físicas como emocionales), sino que también se ocupan de gestionarlas y las priorizan siempre que es posible.

Procuran gestionar bien su atención

Todos nacemos con el tesoro de la atención, pero pocos lo cuidamos y velamos por él como lo hacen las personas con una alta inteligencia emocional. Al aprender a gestionar sus emociones, pueden impedir que estas arrastren su atención, arrancándola del presente para instalarla en el futuro o en el pasado.

Cuando dejamos que el miedo, las preocupaciones y la incertidumbre se hagan con nuestra atención, nos instalamos en el futuro, en el pánico a lo desconocido y a lo que nos depara el destino. Cuando permitimos que nuestros traumas, heridas y errores se hagan con el control de nuestra mente, nos instalamos inevitablemente en el pasado, cayendo en la depresión y la tristeza.

Por eso, las personas con un alto nivel de inteligencia emocional practican el hábito de centrar su mente en el presente. No sabemos que nos depara en el futuro, ni podemos controlarlo. El pasado hace mucho que escapó de nuestro control, no podemos hacer nada por cambiarlo. Pero el presente está a nuestra entera disposición, y es sobre este donde podemos desarrollarnos.

Practican una sana autocrítica

Tener un alto nivel de inteligencia emocional no te hace perfecto. No hay nada en este mundo que pueda convertirte en un ser perfecto e intachable. Pero lo que sí define a quienes entran en este perfil de inteligencia es la capacidad de ser autocríticos, sin llegar a ser sobreexigentes ni demasiado duros consigo mismos.

La sana autocrítica consiste en reconocer cuándo nos hemos equivocado, pero también en perdonarnos y ver en el fallo la oportunidad de crecer, aprender y mejorar.

Si no eres capaz de identificar que te has equivocado, nunca aprenderás la lección. Si te hundes al descubrirlo y te instalas en la frustración, la rabia y la sobreexigencia, tampoco aprenderás nada, y acabarás hundiéndote a ti misma.

Como sucede en otros muchos aspectos de la vida, la clave está en el equilibrio. Una dosis justa de autocrítica te permitirá descubrir en los errores cometidos oportunidades de crecimiento, y te hará mejor persona.

Intentan aprender cómo son los demás

Que existe una diferencia ineludible entre el yo y el es algo que la psicología lleva años advirtiendo. Solo podemos comprender al otro desde la experiencia propia. Nadie puede abrirte la puerta de su cabeza para que entiendas como piensa, vive y experimenta cuanto le rodea. Es imposible.

Pero precisamente el hecho de vivir esta experiencia desde la proyección personal hace que muchas veces nos equivoquemos al interpretar lo que los demás sienten. Si sueles pensar mal de ti misma, es muy probable que proyectes esta idea sobre los demás, y acabes interpretando que un gesto inoportuno o un tono de voz ligeramente crispado son ataques hacia tu persona. Y quizá no lo sean. De hecho, es muy probable que se trate solo de tu interpretación personal y sesgada.

Por eso las personas altamente inteligentes a nivel emocional se aseguran de conocer de verdad a los demás. En lugar de enfrentarse a ese gesto extraño pensando “seguro que esta persona me odia”, se preguntan “¿qué significa para esta persona este gesto? ¿por qué lo hace?”.

Al cultivar la curiosidad con los demás, se reducen los malentendidos, la sensación constante de estar siendo juzgados y se consiguen cultivar relaciones más saludables y armónicas.